BELLA HIPODAMIA.

poema de Ray Day

BELLA HIPODAMIA
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Firme, asido por los élitros de mi espalda, los huesos ya clarean bajo el alma fatigada de este esgrimidor, mas, los montes aún se espantan cuando ella silba cual serpiente en huida.

–¡Ay Espada mía!– ¿Hasta cuándo estarás sin descansar?

Ya por vos he cruzado desiertos y escalado montañas derrotando a los vientos que arrecian alejarme de las tierras donde eterna, mora mi amada.

–¡Brilla la espada afilada!–

Fortaleza mantenida, inspiración de la pantera,
vuelo de águila y rugidos de león.
Pues ya no es secreto para nadie
que en tu presencia, todo brilla como las fauces de un dragón.

Quedará tu tronco en la tierra, recuerda que mi vida es un soplo
y desfallecen los huesos cuando el alma queda como fiel centinela vigilando hasta que amanezca.
No valen argumentos, no se aceptan las quimeras.
Duelo, ayuno, lágrimas y lamentos.
Es el precio de la guerra que no entiende
de criterios ni miramientos.

Mi bella, tal como mi vieja espada, forjada y despiadada por naturaleza...
Quien como tú y tu amor bendito que se multiplica
como lo hace la hierba.

–¡Amor mío!–

Mi remedio a todo mal; mi epigrama,
mi pecado original.
¡Oh diosa mía!
Vigorosa carcelaria de mi alma.
Torrente cenagoso, amor divino y culpable
de perder mi cordura.
¡Qué labios!
¿Cuántos besos he de darte?
Y así no quedar en deuda.

Bella Hipodamia; de cabellos refrescantes
y pechos airados como volcán enardecido,
provocante como el Himalaya.
Sangre de mi sangre.
Entre el óleo y la acrílica ella siempre llegó a pintar en mí una sonrisa.
Sonrisa eterna que ha plasmado en mi corazón, solo con sus manos y un pincel, aliviando mis pesares cuando debemos dejarle mi espada
y su canción.

Raymond Sánchez.

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