LOS SUEÑOS, ¡SUEÑOS SON!…

LOS SUEÑOS, ¡SUEÑOS SON!…

Los sueños no se extinguen,… ¡son luz de amanecer!
Son lunas que cortejan al sol de los recreos,
pagando la factura del tiempo y devaneos,
con sangre de la mente, con cielos por nacer.

Los trópicos del sueño conciben dimensiones
holladas solamente por Dios y su poder.
Despiertan los latidos de vivas sensaciones,
en flores de inconsciencia, visión de un nuevo ayer.

Los sueños son las minas, que el alma nos reserva
cual rayos de la vida que vuela en retroceso;
son flores que inseminan su fruto entre la hierba,
doradas como espigas,… semillas de embeleso.

Al fin de la jornada, los sueños fenecidos
extienden su epitafio con mágica llamada,
sus curvas se espiralan, clonando los olvidos,
o armando de suspiros la noche en madrugada.

Los sueños, ¡sueños son!,… crepúsculos de cielo.
Cardúmenes de vida de un sino solitario.
Volátiles sucesos de gélidos desvelos.
Quiméricas esencias del valle imaginario.

El mundo gira y torna los ojos a dormir.
Y el hombre allí se mira muy fuera de sí mismo.
Muy lejos de su cuerpo. Muy cerca del abismo.
Y entonces se da cuenta… ¡que aún muerto ha de vivir!.

La aurora de las almas se inflama como leños
dolientes y encarnados en verbos a elegir.
Si el verbo se hizo carne,… la vida se hizo sueño.
Los sueños y la muerte, ¡jamás han de morir!.

AUTOR:
ENRIQUE QUIROZ CASTRO
POETA PIURANO
PERÚ
3 de Enero del 2008

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