¡LAS MANOS FRÍAS!

¡LAS MANOS FRÍAS!

El hombre ingenuo cree que existe una pared
de mármol o de acero, de piedra o de concreto
que interrumpe la marcha de la muerte
como escudo sagrado, -¡por su fe!-.

Pero es un negro error. Porque nada detiene
la guadaña del tiempo, ni su brazo fatal.
La muerte va tachando su lista de la suerte,
y después escudriña, su esfera de cristal.

Por los caminos blancos, se distingue su sombra;
mas nadie ve ese puño que levanta con brío.
Esa mano sangrienta peluda como un simio,
es capaz de cortarle, la lluvia al mismo río.

Y siempre, o ¡casi siempre!, tiene las manos frías.
Cuando nos toca el alma y estruja al designado;
cambia su rostro amargo, por un rostro sonriente
y carga con el muerto y su sarta de pecados.

Y tañen las campanas del Cielo y del Infierno;
mientras traga la Tierra, la luz del Polvo suelto.

AUTOR:
ENRIQUE QUIROZ CASTRO
POETA PIURANO
PERÚ
02/04/13

Comentarios sobre este poema