MISIONERO DE BLUES

poema de penny

El crepúsculo era un armagueddón de papel
como zócalo de mármol del tiempo aquél.
Era el resonar de una campana sin recato,
acudiendo al funeral eclíptico de los astros.

Era remanso de tiniebla hospedada en el infinito.
Aquéllos pasillos, aquéllos dedos delgados, lo señalaron.
Apuntando a sus yacimientos de reflejos exhumados.
El crepúsculo era un misionero de blues en azul rasgado.

Era el tambor de turbulencias de unos ojos cerrados.
El aprendiz de títere bajo un cielo agazapado.
Como rehén de la luna de sus besos adiestrados.
Era yo, aquél crepúsculo enarbolado.

Y venían a parar a mí, los casi muertos,
recién vencidos linajes de muchos párpados.
Y rezaban al posarse en el altar de mi clamor
Sonetos y rimas, protestas y milagros.

Y venían desde lejos, desde cerca y condenados.
Sin haber sido escritos, les sangraban los costados.
Hundidos en la tierra, como pergaminos decapitados.
Era yo, aquél crepúsculo en las palmas de sus manos.

A capella los registros de las luces se fueron turnando,
difuminando las vértebras de los pobres desalmados
que abducieron la estepa de todo mi candor,
entre una luna y un sol que se iban alejando.

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