Feral

Traigo tejido tu perfume a mi blusa,

mi corazón mutado en nido de lechuza

y el cosquilleo de las plumas doradas

arde húmedo por las horas pasadas.

Conviertes mis cadenas en hilo

con tu voz de cera derretida

y tu tacto de bestia civilizada.

Tu mirada ahora navega en aire denso

que me queda corto, clavado en la cabeza,

acabas la cordura con la que canta el verso

y transmutas la palabra en grito y suspiro,

en súplica y ofrenda,

feral ruido.

Comentarios sobre este poema

Sé parte: Comenta y vota