Quienes somos para juzgar.

poema de Orlando Silva

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Al despertar en la mañana
tomé mi café… y un puñado de arroz
me dirigí al fondo del rancho
para las aves alimentar
sentado sobre un tronco… disfrutaba
de mi cafecito… y el cántico de las aves.

A lo lejos se escuchan gritos… Murmullos de vecinos
era la comunidad enardecida
un ladrón habían de atrapar
me dirijo al hecho… Solo se escuchaban vulgaridades
entre tantas cosas… Lo querían linchar.

Traté de mediar… Solo recibí trancazos
el pobre hombre en su desespero… Corría
recibiendo pedradas … y palazos
me acerco y veo… Era Juan
el vendedor de periódicos del pueblo
el mismo al que hacía unos días su mujer había dejado
con un hermoso crío de apenas un año.

Lo pateaban… Todo estaban fuera de sí
exaltados… Llenos de odios
no lo dejaban hablar… Les grite dejen a ese hombre
pero su injusticia pudo más… Al ver un batazo certero
justo en la cien, le fue a parar
su cuerpo desplomado… Al pavimento suplicar
moribundo sin fuerzas... Su mirada perdida
partiendo de este lugar… Todo quedó en silencio
lo tomé entre mis brazos… a duras penas podía hablar
suplicándome que cuidara a su hijo… en su rancho debía estar.

Me decía pa mi ja dentro… Dios perdónanos
somos vestías salvajes… Peores que un animal hambriento
como duele tanta injusticia… Al ver a mi pueblo actuar
extiendo la mirada … No había nadie ya
la arena tiñéndose de rojo… En su mano, un vaso con leche
esparcida por todo el lugar… Mi alma entristecida
no cesaba de llorar.

Han pasado los años… Su hijo, colmándome de felicidad
dando compañía a mi vida… Al vivir tantos años de soledad
mi corazón lleno de dulzura… al sentirlo conmigo
ayudándome a superar… todos esos recuerdos
donde cada madrugada… a la misma hora
despiertos con lágrimas en mis ojos
con la viva imagen de su padre moribundo
por robar un vaso con leche… Para su hijo alimentar.

© Derechos de autor reservados.

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