Ahogado en llanto.

poema de Orlando Silva

Madrecita de mi vida… tu que estas en el cielo,
quizás no sientes… Ni ves porque oculto mi quebranto,
la tristeza oprime mi garganta y desahogarla no puedo,
tomo mi pluma para liberarla… A ver si ocurre un milagro,
no comprendo que me pasa… ando siempre angustiado,
en mis noches de desvelo… me levanto, me acuesto,
solo veo tu mirada… Quiero llorar y no puedo,
siento que me ahogo en llanto… ya ni respiro,
el dolor oprime mi alma… al no estar a mi lado.

Hoy me encuentro sólito… Tan solo que vivo en un cuarto,
Solo oigo el cantar de los gallos…. Y el cántico de las aves,
mi alma errante como si fuera un fantasma,
veo las gaviotas volar y perderse en el firmamento,
vienen a mi mente tristes recuerdos… que me oprimen la garganta,
¿Te acordáis?
¿Te acordáis de mí, Jenniffer,
la hermosa hija de mi alma,
dieciocho años, tan solo tenía,
cuando una tarde gris… partió de nuestro lado,
en su adiós… Que acudiera a su lado,
yo ingenuo… Jamás pensé que se iría de nuestro lado,
solo pensaba en voz madre mía… Que tal noticia no soportaras.

Ocultando mi sollozo pesar… fingiendo ser fuerte,
ante al que tirado al suelo… necesitase mi ayuda,
para aliviar su quebranto… y su dolor.

Al menos madre mía… En su agonía nos dejó una hermosa nieta,
para aliviar la situación… Sentidamente se disipo,
sucedió como cuando una leona protege a su cría… Cuidándola con recelo,
y tomada precaución… Total, nunca pudimos tenerla,
poco a poco la apartaron… Logrando su cometido,
aun, teniendo la esperanza… de ella ahora ver su reacción.

Con los años… Llego la hora de tu partida,
tu feliz… Mi Jenniffer te esperaba,
de seguro alegres… Reposando en la misma tumba,
juntas allá en el cielo… Cándidas de mi tristeza.

Estoy sólito… estoy sólito en mi cuarto,
cada mañana escucho… el cantar de los gallos,
anunciándome… un nuevo día comienza,
y debo seguir ocultando mi llanto… y mi dolor.

© Derechos de autor reservados.

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