Ella

poema de NAA

Relato Erótico

Ella llego a su casa justa, había aguantado todo el día su desfogue ardiente, esos que pasan cuando desplazas pasiones por ocupaciones.
Habían sido varias semanas de visitas en casa, viajes e interrupciones que entorpecían sus sensibles encuentros, con aquel hombre timorato, muy hábil para aguantar largos periodos sin sexo.

Ese día fue su cuerpo el que puso la alerta, ya era hora de mojarse, de rendirse a la pasión, desfallecer, su cuerpo la oprimía, cuál necesidad primitiva.
Había acumulado jugosos deseos que necesitaban salir.

Estaba tan dispuesta que ante un sencillo piropo o una caricia se podía retirar este tapón apremiante.

En su desesperación, idealizaba su encuentro, muy deseosa que un caballero fuese sensible a sus debilidades, a sus gustos.

Pocas veces fue besada abajo, muy pocas, que el morbo anhelaba aún más la experiencia, sin embargo, su joven pareja resultaba ajeno a sus delirios y ganas de explorar.

Ese día aquel chico estaría más ocupado de lo normal, debía trabajar un poco más en casa, ella lo entendía, pero su cuerpo no, trató de distraerlo, pero fue imposible…
Se sacó la ropa en el dormitorio, justo detrás de él, muy segura que el espejo en frente revelaría este escenario, lo hizo a posta,
buscando despertar, si despertar a esa bestia que este joven tenía amarrada.

Entre miradas pausadas se sacó la ropa, revelando su desnudez.
Consiente que su ropa interior no tenía una gracia particular y ella quería conseguir más, busco entre sus cajones, la bolsa con lencería, lencería que acumulo, como quien invierte en su felicidad, sin embargo, pocas veces pudo cosechar algo con ellas, parecían ser prendas torpes pese a que fueron cuidadosamente elegidas pero para este chico no parecían especiales.
Sin embargo, con fe, sacó su última adquisición, un babydoll de color morado, transparente de encaje, a ella le pareció precioso, y pensó que así podría variar entre los usuales tonos negros y que aquel tierno color podría levantar un morbo de inocencia.

Se lo puso y se admiró, ella estaba perfecta,
había trabajado en su cuerpo los últimos meses,
lucia mucho mejor que a los 15 aun cuando doblaba esa edad,
sus curvas estaban acentuadas, su vientre liso, se formaban relieves divinos.

Se admiró unos segundos en el espejo buscando la complicidad de su hombre, sin embargo, este distraído en sus asuntos y sin mayor efusividad la ignoro.
Ella pensó que estaría ocupado, pero todo aquello podría ser una invitación para después, pues ya eran unas buenas semanas desde su último encuentro, tanto que ella no conseguía recodarlo.

Buscando distraerse empezó a hacer algunos pendientes en el salón y en la cocina, sin embargo y rápidamente su cuerpo volvió a manifestar su necesidad, en intensos avisos lleno su mente de ideas inspiradoras para saciarse, entonces pensó que mientras esperaba que aquel chico se desocupara ella podría hacer algo más, algo más divertido, así que fue por su bolso, donde guarda uno de sus sencillos tesoros, su dildo, un clásico de baterías, pero el encargado de grandes momentos.
Tomo su iPad, busco la opción de navegación con privacidad y busco alguno de esos videos que le gustan, su gusto en la pornografía, era peculiar, disfrutaba mucho de los escenarios, los personajes y los diálogos,
buscaba algo que tuviese cierto sentido y sobretodo lleno de frases reveladoras, explícitas, desde el inicio hasta el final, eso era lo que más la excitaba.

Estas historias donde son las mujeres las que toman la iniciativa, en mostrar y tocar. Le gustaba pensar que algún día tendría el valor de hacerlo, sin embargo, no era algo propio de ella, más bien su fachada era rígida, seria, y muy torpe en casos así, pero si fueran las ganas las que la controlaran, revelarían sus deseos con tantos desconocidos, quizás conseguiría reducir su tensión y acumular anécdotas deleitables.

Ella solía pensar en esto mientras desfilaba el dildo por su clítoris, sintiendo de a poco estos espasmos deliciosos, buscando no abandonar la presión de su mano.

Noto en gran lástima que las baterías estaban algo gastadas por lo que su sencillo dildo no daba la fuerza que a ella le encantaba y tardaría más en satisfacerse, además la tensión de hacerlo en el salón, de pensar que podía ser descubierta no la dejaba muy cómoda.

De pronto cuando por fin hallo un equilibrio entre la presión de su mano al sostener el dildo y las escenas estaban llegando un punto interesante, escucho los pasos de aquel chico, se asustó, rápidamente se cubrió y boto el dildo detrás el sofá, justo cuando llegó al salón el dildo tambien, había rodado por debajo del sofá llegando hasta a la mitad de la habitación, pensó que estaba expuesta y la escena era muy clara, ella con poca ropa, sus mejillas coloradas y los audífonos puestos.
Avergonzada tomo el dildo y se disculpó, sin embargo, este hombre no mostró ningún gesto particular, parecía en su cansancio haber confundido aquel dildo de color rosa intenso con un juguete del gato… dio un par de palabras y se fue.

En ese momento ella suspendió todo, cerro las pestañas del navegador, verifico el rastro del historial, guardo su dildo en el bolso, y cayo directo en un pozo de mil pensamientos, aquellos que no habían estado por semanas, pensamientos de miseria, pues su pareja no era capaz de satisfacerla, de buscarla y amarla, sentía una profunda lastima de verse sola y con ganas.
Muy consiente que sin esta práctica sus orgasmos no existirían,
sin embargo su ansia de compañía masculina no conseguía ser saciada, esto siempre la deprimía.

Ella se hallaba bella, con gracias que muchos hombres apreciarían, aún en sociedades libres de acoso,
sus pechos no pasan desapercibidos,
mas aún cuando ella busca lucirlos con sencillos escotes,
también había acumulado cumplidos y propuestas de varones, sus compañeros o amigos, deseosos de compartir un delis, pero ella está ocupada.
Si, ocupada por un hombre sin libido, que no sabe amarla.

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