La reina Kira y el mago Tello

poema de cielo azul

*La reina Kira y el mago Tello*
(Cuento)

Por muchos años se escuchó decir que una mala mujer embrujó a todo un pequeño pueblo porque el rey no quiso casarse con ella, se había enamorado de él, pero este amaba a una bella mujer con quien se casó. La malvada bruja para vengarse se llevó a Tello hermano del rey y a todos los niños dejando una terrible maldición la cual se cumpliría muchos años después.
Kira una mujer muy hermosa de larga cabellera, negra como el azabache; ojos grandes y expresivos, linda sonrisa, vivía en un país muy lejano, un país próspero, con valles extensos, muchos sembrados y hermosas flores que adornaban cada lugar, como si fuese la primavera más hermosa.

Las montañas, por donde el radiante sol salía a calentar a sus habitantes, parecían ser guardián que vigilaban celosamente aquel lugar. El lago en forma de luna albergaba una manada de cisnes azules que nunca se dejaban coger. Guardaban una prudente distancia cuando alguien se acercaba a contemplarlos.
Esta reina era justa y bondadosa con todos los necesitados, que llegaban a su castillo a pedir comida o abrigo.

Todo iba bien, hasta que un día cayó sobre este país una escarcha blanquecina que quemó todos los cultivos, las montañas se secaron, las flores se marchitaron y en pocos meses ya se sentía la escasez de alimentos.
La reina preocupada salió de su palacio para recorrer el lugar, observaba con mucha tristeza y decía: ¡cómo es posible que nos pase esto tan terrible! ¿Qué fenómeno es este que acabó con todas las cosechas y hasta las flores se secaron?

En efecto, este fenómeno había dejado al pueblo sin nada que recoger. Ahora las personas tendrían que dejar aquel lugar y buscar sustento en otra parte. Pero una mala noticia llegó a oídos de la reina, un hombre había llegado a pedir ayuda pues en su pueblo también se secó todo dejando a los habitantes sin nada para sostenerse.
Una mañana, la reina caminaba por un sendero que antes era un cultivo de maíz, ahora, era solo un paisaje seco. Ella lloró mucho ante tan espantoso acontecimiento y su alma se desgarraba de dolor, todos acudían a ella para que los ayudase, se sentía impotente ante tan difícil situación. Como ayudar en estas condiciones si apenas tenía suministros para su pueblo.

En medio de su angustia, observa que un aldeano se acerca cabizbajo y con el rostro demacrado... la reina Kira con voz suave le dice: ¡Ven acá! Él, al levantar su cabeza se inca para saludarla, pero ella rápidamente lo toma de la mano y lo levanta diciendo: ¡No hagas esto! yo soy igual a ti, un título no me hace más que otra persona, tengo un corazón igual que el de cualquier persona, con sentimientos y emociones, como todos.

El humilde hombre con mucha pena dice: ¡Cómo se le ocurre, Su majestad! Usted es la reina y merece respeto, ¡Ya deja eso así! - dice la reina-, pensemos mejor en que vamos a hacer para sostener al pueblo. Las provisiones se acaban y no sé qué será después, las semillas que tenemos no las podemos sembrar porque la tierra está tapada por esa escarcha y se echarían a perder. Pienso en los niños de este reino, en las familias y no sé cómo ayudarlos.
¿Cómo te llamas? preguntó la reina al humilde aldeano, mi nombre es Camilo vivo en las orillas de las montañas y vine a pedirle ayuda, todo lo que tenía sembrado también se quemó y no tengo quién me ayude.

Bien Camilo, ¿sabes de alguien que nos pueda ayudar?, mis hombres de confianza salieron hace unos días a buscar ayuda en el país del sur y no sé nada de ellos, a lo mejor encontraron comida allá y decidieron quedarse. Será que hay algunos insumos que puedan ablandar la tierra y así poder sembrar otra vez, ¡Mira cómo quedó todo esto! parece una roca, como si hubiera estado aquí desde siempre.
¡No, mi señora! - contesta Camilo con voz desconsolada- solo un milagro puede ayudarnos. Claro que… dicen que, en el lago, existe un hombrecillo que sale cada año a la superficie, que es muy bueno y ayuda a los que están en gran dificultad.

Continuará...
Myriam Stella Buriticá
De mi antología Vamos al carrusel

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