Perdiendo mi fe

poema de misombra

¡Ohhhh Señor!
Ya es hora de mi conciencia
y confesar profundo,
estoy perdiendo mi fe
en el sutil manto de la religión,
creo en la azul esfera de tus enseñanzas
en nuestra distancia tan desigual,
tu palabra de oración y paz
que los niños convierten en aliados
con sus ojos levantados al cielo,
tu bondad y alegría moldeada en tu rostro
y tu imagen que el pincel no oso imitar.

He aquí nuestra plática
plácida y serena
sin reproche ni pecados plegados,
recuerdas aquella niña de rodillas
cantando sus plegarias
en la esquina del banquete
invocándote en oración, señor,
con tu tierno santo en su umbral,
soy yo, si Señor, soy yo.
Cada nochebuena con su oración sencilla
te daba su mitad más bella
esperando la existencia de tu hijo único
como regalo a su joven alma
y su mente virginal,
en esos viernes santos
sufrió la pena llena
en el silencio de tu dolor,
Padre Universal.

No me es conocido
como cesó el sueño en tu mundo,
tal vez los frívolos azares
del patriarcado de la sotana
que con su pereza eclesiástica empeña el alma
y en cada noche umbría se levanta
alguna falta nueva
y arrastra algún hábito que la lleva.
Quizás el caminante hizo su camino
propio despojando la carga de sus hombros,
no lo sé Padre Celestial.

Solo una última confesión,
por mi identidad humana,
bien sabes, me encuentro fuera
de tus enseñanzas.

Tal vez la senda guiada por tu clero
me encumbrará a mi utópica redención,
más la urna aleatoria será mi perdición.

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