Ódiame ayer, hoy y esta noche

poema de misombra

Ódiame ayer
por no ser tu mujer,
perdida en vivo festín
de mis pecados olvidados
en mis tibios suspiros íntimos
sin la pérdida misma
de mi sensual control
ante la inflamada ausencia
de tu voluptuoso fuego alterado.

Ódiame hoy,
por ser la medusa de tus pasiones
alimentada por tu vital aliento,
que congela la silueta
de tu escultura hermosa
en tanto mis serpientes
sacian mi sed eufórica del placer
con tu sangre bulliciosa y ardiente.

Ódiame esta noche,
por entregarte mil formas virginales
de mis sueños orientales
besadas por la luna de tu boca
y tus ojos quemados por mi lujuria,
sube a mi barca de placer intenso
aprenderás a navegar en el viento
de mis caricias llenas
que escapan a nuestras
ansias lascivas y emociones que maravillan.

Ódiame por hacerte mío
esta noche aplaudida
y de una soñadora artista.

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