MORLEYA

Trasnochaba conmigo pálida Luna
para calmar mi penar.
Morleya seguía inmóvil, marchita.
Erguido sobre un pedestal vetusto
contemplaba un querubín,
con alas plegadas parecía llorar.

Morleya heroína de mil hazañas,
yacía cual tétrico despojo postrero,
en medio del sueño más tenebroso.
Ella, cuya belleza elevó mis poemas,
con fría quietud enlutaba mi lira
y versos tiritaron lo sepulcral.

Quise creer que Morleya dormía,
y que mi sueño no concluía.
Pero el silencio ahondó mi dolor
en la noche que no pudo más.
Morleya se resistía cerrar los ojos,
y con irreal mirada parecía llamarme.

Sentí que un sopor alteraba el drama,
y angustia trastornó mis sentidos.
Pesadillas se mofaron del buen juicio,
enterradores rogando final,
¡Morleya entre fantasmas!

Mi delirio fue un macabro desfile,
aparecidos cargaban amor
al retiro de sombras perpetuas.
Y vida invencible instó rebeldía.
¡Luchar por Morleya y la poesía!

Me abrumaban frialdad y derrota
cuando mi amor se puso armadura,
y eficaz lanza fue una pluma.
La batalla fue salvaje, desigual,
frente al portal de los que no vuelven.

Con bravura derribé las guadañas,
pisoteando del averno su atrio.
Y regresó de la muerte Morleya.
Entre gemidos desertaron las parcas,
y se ahogaron aullidos entre las criptas.

Truncado en su curso lo inexorable,
vislumbré nuestro escondido vergel,
que añorando esperaba el retorno,
con Morleya y laureles sin el adiós.
Entonces lo piadoso aclaró mi razón.

Clamando socorro de leales criaturas,
llevé a Morleya por umbrales benditos,
redimida del sepulcro y olvido.
Su despertar llegó antes de asomar el Sol
sin recordar mi amor ni su nombre.
¡Ella y tristeza mis compañeras!

DERECHOS RESERVADOS DE AUTOR
Fondo musical: SERENADE- Schubert
Itzhak Perlman (violín) y Rohan de Silva (piano)

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