FACTOR ∞ EN EL CORAZÓN DE LOS ANDES

FACTOR ∞ EN EL CORAZÓN DE LOS ANDES
(Relato corto)

Había empezado Junio y Aemor Arí se hallaba desayunando en plena selva virgen, cuando sonó el móvil.
— Profesor Aemor, ha llegado a su buzón un sobre procedente del extranjero — avisó el conserje.
— Por favor necesito el escaneado del sobre, para saber la procedencia, luego lo pones la imagen en mi correo electrónico.
En ese momento una serie de recuerdos se agolparon en su mente del científico, con las remembranzas de un hijo distante, quién debió crecer muy alejado, para seguir un modelo de vida diferente en otra parte del mundo. Y mientras rememoraba, recordó la institución que se ocupó de financiar sus estudios. Años después, habiéndose identificado con el ideal futurista de aquella fundación que buscaba mejorar la esencia del ser humano desde su profundidad biológica para poder alargar la vida, pasó a integrar sus filas.
Ya se vislumbraba la noche cuando consultó el correo. Un raro sobresalto sacudió su ser al constatar por la pantalla del celular al remitente: Fundación Factor ∞. Luego de un lapso, con el entusiasmo del investigador que no retrocede, después de un apurado traslado en avioneta desde un pequeño aeródromo en medio de la jungla, dirigió el ”4 x 4” hacia la serranía donde su grupo tiene otro centro de operaciones. Ya era de noche cuando su camioneta llegó a un pueblo en medio de picachos nevados. Habiendo guardado su vehículo, Aemor se apuró a ver la carta firmada a mano.
— “Estimado Prof. Arí, esperamos que acepte nuestra invitación y así pueda visitar a su hijo” — había escrito el director sicopedagógico.
—¡Qué alegría, Raixner! —exclamó.
Sus palabras del especialista despertaron en su alma pensamientos que se habían dormido durante años respecto de su hijo, cuya crianza en sus primeros años no compartió por estar todo planificado por la institución. Por otra parte la carta recibida encerraba un codificado mensaje directo a su sentido visionario. Para el doctor Aemor Arí, esa invitación resultaba la feliz secuencia de un gran sueño. Al llegar la noche, antes de acostarse imaginó la sencilla rutina de incontables parejas cuando llevan a sus niños a la iglesia o al colegio. Para ellos, la vida del Dr. Arí era un completo misterio.
— Parece que no tiene familia, le vemos “solo, igual que un lobo estepario” —comentaban.
Naturalmente, a pesar de ser de buen carácter, Aemor Arí no les pudo contar más de su trabajo, ni de larguísimos viajes. En cuanto a Reixner, para su padre también fue duro aceptar ese raro modelo de vida, pero el consuelo radicaba en el alto sentido de servicio humano del proyecto y en su madre. Y aunque con ella tampoco hubo el normal proceso del enamoramiento, noviazgo y matrimonio, algo en común les alentaba: el definitivo acuerdo con el “Factor ∞”. Su madre de Reixner al igual que Aemor, ambicionó un amor diferente, inteligente y programado, más que costumbrista; por eso ambos se dejaron guiar por las computadoras y especialistas y, cuando llegó el momento permitieron los extraños trabajos de laboratorio. Es entendible que ambos abrazaron al hijo en su nacimiento con emoción sin igual, lo mismo que los científicos, es decir sus colegas; por ser sobre todo un escogido fruto del amor científico y tecnológico. Por otro lado, la sólida economía del programa experimental funcionaba en armonía con todos sus asociados. Aemor Arí al igual que todos los integrantes de la Fundación Factor ∞ trabajaban a dedicación exclusiva, totalmente amparados por las cortinas del desarrollo. Fue debido a esas circunstancias y a su deber de hijo, que pidió unas largas vacaciones por la urgencia de ayudar a la salud de su madre; hasta que la noticia le sorprendió en plena selva cuando buscaba unas plantas medicinales exóticas.
Habiendo hecho lo necesario para la mejora de su progenitora, el experimentado especialista se alistó para viajar hasta su hijo.
Después de veintiséis horas de vuelo, el avión descendió en un lejano aeropuerto. Desde allí un transporte de la fundación le llevó al centro habitacional en una zona montañosa, donde el aire se torna limpio y dominan los cerros, haciendo que los pequeños grupos residenciales parezcan invisibles. Por zonas donde se puede ganar más luz, brillaban los móviles paneles solares, los cuales se movían por rieles para ser ocultados a ciertas horas en cavernas y subterráneos. Era claro que se hallaba dentro del corazón del proyecto. Por todo el ambiente se podía respirar la iniciativa de un mundo sin delincuencia ni cárceles, donde cada persona estudia y trabaja para que la Tierra sea un regenerado Paraíso. Esa noche, después de pasearse por los jardines transgénicos, observó formas de alto sentido artístico. Por esta razón aunque los frutos le provocaban, debió contentarse con solo el gozo estético por tratarse de obras de arte. Cuando se disponía a dormir, halló un programa con música del espacio sideral. Al quedarse dormido se vio rodeado del futuro.
— Al amanecer, mientras el Sol asomaba entre unas colinas, vio un mensaje.
Tenga usted lindo día, el desayuno está listo, a las nueve de la mañana empezará la ceremonia -señalaba un escrito en la pantalla.
A su tiempo, cuando iniciaron el acto académico, nuevamente la emoción se apropió de mí al entonar el himno de los voluntarios de Factor ∞. Luego de algunos discursos se presentó a la nueva promoción. Al rato comenzaron a otorgar las medallas, entonces vio al ser que le llenó de alegría.
—Damas y caballeros, ahora tenemos al representante de su clase: Raixnor …, quien se ha ganado el derecho de merecidas vacaciones con guía especializada del profesor Aemor Arí. Raixnor visitará el Perú, durante un mes.
Aunque Aemor Arí no halló en Reixner rasgos notorios suyos o de su madre, no podía dudar que la esencia de la familia continuaba con mucha ganancia.
—Me alegro que hayas venido —le dijo Reixner en buen español, agregando después —te conocí por medio de tus trabajos —luego abrazó a su guía muy emocionado..
—Así sucede, tu madre viajó comisionada pero aquí me tienes.
Habiendo recibido Raixnor sus vacunas del caso, y con un documento especial nombrando a su guía tutor, emprendieron el viaje.
Para Raixnor a sus nueve años de edad, un viaje largo significaba la concretización de sus anhelos; él en ese momento era la vida de su madre, y para Aemor la felicidad. Sin embargo, al llegar a Lima con buena compañía causó gran admiración de sus vecinos y familiares. Al poco tiempo, según lo programado emprendieron el trayecto al estilo de los exploradores. La hoja informativa de Reixnor decía que sus condiciones físicas estaban listas para las caminatas a gran altura. Así, llevando cada uno su mochila llegaron a la ciudad del Cusco, para hospedarse después en una residencia de construcción mixta incaica y española.
—Siento que nos hallamos en otra época -dijo comentó Reixner.
Poco a poco Raixner se acostumbró a conversar con lugareños, interesado en comprender la idiosincrasia popular, sobre todo en los tiempos festivos; cuando el Inti Raymi atrae aplausos y Machupicchu es el centro.
—¿Es verdad que los Incas dieron rango divino al Sol? —interrogó Raixner.
—EL sumo sacerdote propagó la enseñanza del único Dios Wiracocha y sus mandamientos. En ese tiempo, la cualidad de invisible ante los ojos humanos no recibió fácil comprensión, por eso hicieron la explicación en modelo cosmogónico que se halla en el templo de Coricancha en el Cusco. Para las grandes masas: no robar, no mentir y no mantener la ociosidad resultaron los fundamentos de la práctica moral; pero muchos pueblos colindantes no dejaron fácilmente sus enraizados hábitos. Por eso los incas tuvieron museos religiosos en el Cusco donde se exponían el arte sacro de otras culturas para estudiarlas y entenderlas, sin embargo los primeros ibéricos conquistadores los fundieron para repartirse de botín o quemaron. Mucho se ha tergiversado al respecto.
En la zona conocida por Sacsayhuamán, otra vez intervino Raixner.
—¿Qué sabes sobre su origen?-
—Mi abuelo me avisó del sabio inca llamado Illapa y el poder del rayo. Él fue un artífice arquitecto y taumaturgo, de una orden imperial. Sus conocimientos llegaron a nuestro antiguo familiar, un monje arquitecto quien dijo que los constructores fueron prohibidos de ir a la guerra, y cada rama especializada tenía un símbolo en su escudo o en la obra. Y la serpiente representaba su marca de Illapa y sus canteros, extraordinarios artífices de las moles de piedra. No debemos olvidar al sumo sacerdote cerebro jefe de los sabios del incanato, que junto a Illapa construyeron un centro ceremonial en lo que ahora llaman Sacsayhuamán, pero en su mejor época fue dedicado al rayo y la electricidad, por eso desde lo alto a vista de cóndor en vuelo su diseño tiene formas simbólicas de rayos —respondió Aemor.
Estando en Machupicchu, Raixner imaginó la época del esplendor incaico.
—Seguramente aquí residieron personas muy importantes —afirmó.
—Efectivamente, aquí estuvieron los pensadores seleccionados y las nobles más bellas del imperio dedicadas al culto de la inteligencia y de la mística. También hubo lugar para Willac Uma el Sumo Sacerdote, verdadero cerebro moral, quién ejercía el culto litúrgico en el templo del Coricancha–aclaró su padre.
Sobre Moray, ambos se abrazaron completamente admirados del genio inca para elevar la calidad y variedad biológica; es decir los ingenieros incas fueron verdaderos pioneros de futurística biotecnología.
Unos días después, satisfechos de una pequeña pero significativa visita del Perú admirable, Aemor llevó de regreso a su amado hijo a continuar estudios junto al Factor ∞ en su lejana central. Días después el especialista regresó a su zona de operaciones en América, para continuar los descubrimientos.

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Música: Ynka Huasy - Rebeldía de los cóndores

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