Sequedad

Al ver el brillo de aquellos ojos me quedé.
Pero era un brillo fugaz.
En si, él ya era luz
apagada, muerta.
Allí, solo había un vago
intento por sobrevivir.
Él era agua turbia de jarrón
que hacía mucho fue limpia y clara.
De sus rosas que un día fueron fragantes
y frescas quedaban tallos agotados y rotos.
Sus pétalos negruzcos, dispersos por el piso
de a poco olvidó levantar.
Donde un día hubo sonrisas ,
ahora no había ni el intento por sonreír;
solo había muecas amargas,
y unos labios agrietados y sangrantes.
En aquellos ojos brotaban lágrimas,
que corrían en un rostro cubierto
de hendiduras que se corrían hasta el cuello.
De sus manos, ya no surgían caricias
solo movimientos bruscos y torpes
que herían más que acariciar;
de su voz, ya no sonaban dulzuras,
sino, palabras toscas y ofensivas que
azotaban y estremecian.
Y yo que creí ver un brillo en aquellos ojos
mas mi propia luz fue pereciendo,
fui deshidratando de a poco.
Mi sequedad fue tanta que corrí
buscando aguas de los cielos por cobijo
y luz solar que me alumbrara
¡ y no paré hasta encontralos!

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