Milésimas de segundo

La magia más real e intensa
suele suceder,
cuando el destino tiene
ganas de hacer una broma.
Y le basta una milésima de segundo para dejarte absorto, impregnado de un perfecto extraño.
Y eso se queda a habitar
en los recovecos de las neuronas, en las sedas más sublimes del alma. Y no hay momento tan maravilloso si esto sucede,
pues no le pasa a todo el mundo; vicisitudes en la vida, estraodinarios encuentros
e inolvidables.
Esa milésima de segundo
donde una voz tiene el poder de quedar en las fibras de una memoria y lograr la magia de estremecer una piel;
de hacer saltar a un pecho palpitante.
Lo mismo que una mirada, instantánea, única, embriagadora. Esas milésimas de segundos
cuando sientes la vida se va, si no ves más a ese extraño jamás
y no sabes su nombre, quien es, donde vive. No sabes nada,
pero sientes; siente tu corazón desbordarse por la boca. Milésima de segundo donde se recuerda detalle por detalle, como deteniedo el tiempo
en cámara lenta, y se recrea a esa persona de pies a cabeza,
se revive el efímero momento.
Y no se entiende por qué las bromas de un destino
que te pone a ciertas gentes
en tu camino...
y así de igual manera,
las retira.

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