Mi rosa

Y quise arrancar esa rosa,
hacerla mía.
Allí,
en su jardín,
la observé tan bella,
vi su color, y elegancia.
Acerqué mi rostro,
delicadamente la tomé,
bebí su aroma.
Sus delicados pétalos
acariciaron mi piel.
Mas,
olvidé que tenía espinas.
Al arrancarla,
su garra rasgó mi mano.
A los pocos días entristeció,
de a poco perdía su frescura
y fragancia,
junto con su elegancia
y belleza.
Y lloré,
a mi rosa que arranqué.
De aquel jardín donde vivía
y crecía;
donde el viento besaba
su sublime figura y el rocío
besaba su alma.

Mas la arranqué y murió.

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