Las Lauras

"LAS LAURAS"

El contoneo de sus caderas despertaba
el interés del borracho en la esquina;
los grillos se sumaban al eco de su taconeo que se desvanecía por el gastado empedrado.
Más de un ladrido de perro se confundía con la noche.
Ni el espeluznante grito de la lechuza detenía su paso.
Los gatos en los tejados mudos, deponentes,
la seguían con la mirada sin el mínimo intento de escabullirse; parecía les era habitual la nocturnal ronda. Todo sonido le era indiferente,
como siempre más de alguna ventana le cerraban a su paso. Hacía buen rato la puerta del recatado y honrado se había cerrado. Fingía no ver las velas que se extingan muy a tiempo por los decentes pobladores.
Las señoritas de bien no podía escuchar, menos ver la fulana. Nadie decente transita a deshora de la noche.
Las ventanas no deben estar abiertas, quien quiera que sea la ramera, que siga su camino. Y ella sigue adelante.
A lo lejos escucha el grito casi humano de un zorro solitario que le estremece la piel, pero sigue su paso. Y llega a su destino, tomando la mano del viejo portón y toca la puerta.
-¿Laura?-
-Sí soy yo-
-¿Qué pasó con la otra, la Laura más joven?-
-Ella está indispuesta, qué se le ofrece esta noche señor Cura?

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