Déjame

Déjame guardarte
como la joya más preciada,
guardarte celosamente porque sé,
que los años son inciertos y escasos;
guardarte cuidadosamente
porque quizá mañana
no abriré más los ojos.
Déjame guardarte
como el suspiro de un corazón
que todavía anhela enamorarse,
pero sabe que se va perdiendo
en la grisácea y espesa neblina.
Permite te resguarde en la esperanza de otra vida
porque en esta,
ya tu mirada la miré tardía.
Déjame te abrazo
como al último suspiro
que se le escapa al pecho,
y llega a ti esperando tú percibas su intensidad,
su vehemencia.
Quiero subir contigo en último tren de mi existencia
y recorrer a tu lado cada paisaje,
el mar, cada montaña;
que penetren mi memoria,
aspirar la brisa del mar,
quiero contar contigo ovejas en las nubes;
probar a que sabe la lluvia que entre por los cristales.
Déjame abrazarme a ti en el último intento de una mente lúcida que todavía se atreve
a crear utopías.
Déjame, hombre peregrino,
detener tu paso, arroparte en mi
sentir y seguir soñando
que esto que te pido
no quede en estas letras regado,
sino que al verlas entiendas que van a ti dirigidas.

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