Cielo abierto

CIELO ABIERTO

Jadeando escaló
peldaño a peldaño,
las rodillas razgadas,
las manos sangrantes.
La cima era la meta.
Abría los brazos
como un Cristo olvidado,
al que nadie visita,
al que nadie le reza.
No más cadenas
en nefastas miradas,
despiadadas altivas.
No más sosobra,
terror que no cubren las sabanas,
o la valla invisible de apariencias furtivas.
No más aterrador grito
que perfora el oído
y entumece el alma.
No más puntapiés, desprecios,
pretensión de que no pasa nada.
¡No más!
Subirá los peldaños
de amor propio y valía.
No buscarán sus ojos esperanza en el piso,
alzará su mirada
a corrientes de viento;
a un sol que cobija.
Abrirá sus oídos
a las aves que cantan.
Dormirá bajo el manto
de la madre luna,
bañará su cuerpo en aguas cristalinas.
Y sube,
peldaño a peldaño jadeante,
hacía atrás,
¡nunca voltea su vista!.

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