Crónicas de un Suicida

En el hilo de la amargura,
Cuando lo cotidiano se destila,
Cuando lo gris se torna púrpura.
En la escacez de los sueños,
la resequedad de los deseos,
a la deriva de la vida,
al borde del vacío,
Ya la penumbra
del umbral, revestido de frío.
Cuando sobrevivir, es ir ,
contra las furias de una marejada,
cuando pisas tierra,
y las huellas
se convierten en polvo,
cada espuma, se ve como el lodo.
En las manos vacías de un moribundo,
que en su anhelo,
las esperanzas se hallaron rotas,
Su secreto, un siniestro misterio.
Entre lamentos, hundidos en gemidos, disturbios sombríos, y calles desiertas.
Lo incomparable del miserable,
a los destiempos
de sus caprichos.
Un cigarrillo, en su boca,
un revólver en su bolsillo,
una Fe ingobernable,
todos los recuerdos
un torbellino,
recorriendo por cada uno
de sus 5 sentidos.
Las emociones hacen alarde
con la ansiedad de su nobleza,
un nudo en la garganta,
unas largas y perturbadoras, negociaciones.
Nada le pone fin a la nobleza...
y en su pequeña cabeza,
mas pudo el valor que la certeza, de sus placeres insaciables,
Sobre la motivación del juicio
ante poderes y realeza.
En un tal páramo de extremas riquezas,
donde las verdades encubren su alarde,
donde eterno se torna el viaje , y un sensitivo vendaje,
lo que al alma le será imperdonable,
con tal franqueza,
sin ser esquiables.
Jamás el amor propio valoraste,
desde el centro de tu universo,
al mundo despreciable,
...por eso te ahogaste y abrumaste, en tu propio
infierno cobarde,
una ingestión
para tu ego.

Comentarios sobre este poema