Sujetar el Picaporte

la danzante caminaba por
la calle colinas, al vértice se sembraba
cual semilla, blin blan,
su manejo de llaves no callaba
a la cita, yo en mis piernas
de cloaca abundaba en pasos,
ligero el paso, los vientos
cerraban la emoción.

de temeridad galope sobre el
cuerpo de la cúspide,
centrado la vi en su movimiento
fortuito con su mano lejana
a la cintura del cuerpo que
le pertenecía.

Continuando en exceso acerque
los muslos de mis dedos,
las lenguas de las mariposas
eran largas, parecían propicias
para el asunto, y las aplaste.

sujete su mano cual picaporte
e intranquilo me incline abarrotado,
no había lugar que no abrieran sus
dedos, sujetarlos era respirar entre
la cornisa de la cima, y caerse
pero sin rosar la tierra, así
prendido en el movimiento perpendicular
que nos ofrece la ternura, mientras
nos mirábamos tomados de la mano,
yo del picaporte y ella del canario.

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