Es la tarde

Ignoramos las señales del óxido
A través de nuestras vidas
Eligiendo las brillantes que nos encandilan
Di la espalda y ahora tengo los codos amarrados
La mirada infinita y el caño en la sien
Sonrío pero… ¿A quién trato de engañar?

Es la tarde y es el frío
Y el nunca aprender que la primavera llegará
De vez en cuando conseguiré que alguien me lleve
Aunque todavía me queda una mano y voy a apostar

Con la terquedad del iluso, con la suerte del vagabundo
Con los pies fuertes y la mirada indescifrable
No te diré que te extraño… Que aturdidos estamos todos
Entrelazaste tus palabras y me colocaste como a un soldado de plomo.

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