Sé que me engañas...

Sé que me engañas...
…me lo dicta el corazón, siento hervir mi sangre de arrechera, no es posible sentir un amor y luego dejar que se vuele con el viento. Nada es lo que parece, decídete, aun descifro tu silencio como lanza que rompe mis huesos. Nada entiendo, no me pidas comprensión, todo está dibujado en el cielo con nubarrones grises y sus escalas decadentes de un mar sombrío de emociones. Dime, ¿qué paso’ con el amor que me juraste? ¿Donde fue a parar tantas ilusiones, tantas noches, tantas horas cuando hacíamos el amor? Recuerdo que me decías que sin mi te sentías vacía, que no valía la pena vivir, que lucharías sin descanso hasta despertar en la misma cama... ¿Dónde está ese amor? Dime, mis palabras, mis caricias, ¿que se hicieron? ¿Se esfumaron? Devuélveme mi vida, devuélveme cada segundo de mi amor que a tu lado viví, dame el amor que te entregue. Revisa el tiempo, mira tus ojos mirando los míos, inmortaliza aquellos días de serenidad, de paz, de confianza que lleno
nuestros corazones, te conozco desde siempre, nuestro amor fue un punto en el universo que desde hace siglos, años luz, existía.
Aquel hombre que tanto converso’ conmigo en mis sueños, en aquel mundo celeste, ese mismo hombre quien lloraba de emoción, tu padre, porque al fin su hija había tropezado en su vida con aquel Ángel que tanto pidió a Dios que apareciera, repetía perennemente” hija mía no rompas la felicidad que tanto me ha costado ver, nada es fortuito, es producto de mi oración firme al espíritu santo. Sé tú misma, escúchalo, sigue sus pasos.”
Aquellos días que pasamos juntos, aquel beso que nunca olvidare, lo estoy viviendo ahora, te veo, te abrazo, siento el calor de tu cuerpo, ese calor que solamente tú me das, ¡oh amor mío! he despertado, solo era un sueño que jamás olvidare. Cielo mío, jamás dejemos que el cansancio nos domine, esta lucha es de dos, cero tristezas, demos alegrías a nuestras vidas, todo está dicho: aparecimos para amarnos.

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