GRACIAS POR LOS FUEGOS

poema de Jorge Loyola

GRACIAS POR LOS FUEGOS
(tercera parte)

Tirado en el piso de tierra de aquel lugar, se decía “un soldado del rey no llora” pero un par de lágrimas saladas quemaron las heridas que aún no terminaban de cicatrizar en sus ojos; así se quedó dormido; soñando con dos palomas que lo acompañaban volando mientras escuchaba una voz que cantaba a lo lejos, poco a poco, aquella voz comenzó a acercarse hasta escucharse con nitidez; sobresaltado despertó y se dio cuenta que la voz sonaba realmente muy cerca suyo; rápidamente se incorporó y siguiendo la melodía, a tientas llegó hasta una pequeña ventana enrejada, cuando toco las rejas también encontró unas manos.
_Margarita _sollozo Alejandro casi sin poder creerlo.
_he engañado al guardia diciéndole que mi padre quiere verlo, salga rápido, aquí cerca tengo un par de caballos.
_EL no entendía mucho lo que la muchacha estaba haciendo pero se las arregló para encontrar la puerta que solo tenía un pasador y salió; la niña tomó su mano y lo llevó rápidamente detrás de la construcción, allí entre unos árboles estaban los caballos.
_ ¿Usted vendrá con migo? _preguntó el soldado, albergando alguna esperanza de que el escape tuviera éxito y Margarita se fuera con él.
_Solo lo llevaré hasta un campo cercano, allí vive una familia amiga, son buena gente, les pediré que me hagan el favor de esconderlo por un tiempo; los soldados no lo buscarán mucho; adonde iría un hombre ciego y herido en estos lugares.
_Alejandro la abrazo con fuerza, agradeciendo el riesgo que la niña tomaba.
_Rápido vámonos _dijo ella y tomó las riendas del caballo del soldado para guiarlo.
La suerte no los acompañó; a poco andar, un grupo de soldados que recorrían la zona los descubrió.
_No os acerquéis _dijo Alejandro mientras tomaba el las riendas de los caballos.
_tengo un arma y me llevaré a la hija de vuestro comandante _mintió para tratar de escapar y exculpar a Margarita. El ardid no resultó, sintió un fuerte golpe en la nuca y cayo de su caballo desmayado.
Cuando despertó ya estaba atado de pies y manos, lo llevaron al patio y lo dejaron allí, alguien puso una venda en sus ojos y entonces supo lo que estaba por pasar.
Tal vez esto era lo mejor, si no podía estar con su niña de manos de palomas, entonces que un puñado de balas terminaran de una vez con si vida; levanto su cabeza buscando un cielo que ya no vería y quiso dar gracias una vez más a dios por las balas enemigas, el estruendo lo sobresalto y esperó, pero las balas no llegaron, sintió que alguien lo abrazaba con fuerza, en ese instante supo que era ella y se dio cuenta por que no llegaron las balas a su pecho; Margarita lo besó y lentamente lo fue soltando hasta caer a sus pies.
_vuelvan a disparar _imploró Alejandro.
Un nuevo grupo de soldados rápidamente apuntó y tiró.
_Allá voy Margarita, por fin estaremos juntos.
Dicho esto, sintió tres balas entrando en su corazón.
Una vez más levanto la vista y dio gracias por el fuego.

FIN

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