Poblado verso

poema de Johan Molobo

Poblado verso

Hay un pueblo, al otro lado de la mañana,
ahí justo en donde se duerme el hombre;
con calles tan verdes como las madrugadas
que se construyen en los ojos párvulos.
Nunca le falta la voz al hilito de agua
que arrulla al corazón del caserío,
y cuando se junta con la orquesta de la lluvia
fabrica coros de quimeras infinitas.
Hasta las piedras cantan y bailan las farolas,
en el barrio del suspiro cristalino,
de las sonrisas vírgenes y los mil columpios,
en los que se puede acariciar el cielo.
Cada vela es un lucero en las salas, cada
grillo y cada chicharra es la sonrisa siamesa de
una dulce lágrima, como la miel de pan,
como el tesoro de la afanada hormiga.
El día es redondo sobre las plazas,
gira como un carrusel fantástico, entre fanfarrias;
carcajadas transparentes, como la brisa extinta
que habitaba antaño en los diciembres blancos.
Se yergue colorido el pueblo entre las colinas
de la convicción certera de su existencia, como
un déjà vu de tonos pasteles, de lechos cálidos,
con fragancia a ese primer regazo, eterno como el sol.
Yo lo busco y no me canso de buscarlo, y a veces
lo encuentro en medio de los latidos ingenuos, inocentes;
pero se desvanece como los espumosos besos
de las olas, como el minuto anodino del presente.
Y yo lo sigo buscando para ver, aunque sea
una vez más, su atardecer benévolo, su firmamento sabio.

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