La Caminata

Hoy me dispongo a vagar
por esta ciudad.
Tal como ayer,
la gente se ha encerrado al ver
la lluvia caer.
El viento
y el agua me arrebatan
la juventud y el calor de la piel,
pero mientras sienta mis pies,
yo caminaré.

Mis pasos me empiezan a explicar
lo tonto que es gastar
la vida, las noches y los días
esperando vivir alguna vez.
Lluvia, viento y lucidez
son un amargo coctel.

Corazón en huelga,
cruel palpitar.
Llanto en mi rostro
que no tiene sal.
Sonrisas de papel
como un disfraz.
Aunque esté quieto
el tiempo corre igual.

Y andar, y andar,
buscando un trago que me entibie
de camino al final.
Buscar, juro encontrar
alguna estrella que me guíe
cuando el sol se ahoga en el mar.

No fue en canciones ni en el café,
ni en los versos que creé.
He encontrado
algo más que un pretexto,
una razón por la cual sonreir,
y es esta brasa que crece en mi
la que me impulsa a seguir.

Madera y musgo hay en su mirar,
café con leche en su piel,
en el pecho un sol
y una lluvia en la espalda
hecha de hilos de cedro y satén.
En su voz se halla el viento que
hace mis fuegos crecer.

Ahora el corazón late al compás
de lluvias tibias en un huracán.
Sin llanto ni ceguera,
ya disfruto en paz
que el tiempo corre y no se detendrá.

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