El poeta sin tumba

poema de Catiliniarias

En el albor del alba de rojo y amarillo
Un poeta de botas sucias y camisa desgastada camina hacia el olivo
Los gallos del nuevo día gritan sin voz
Por el primero de los poetas de los 27

Quizás en su memoria de Granada y Madrid
Se encuentran sus últimos pensamientos oníricos
Aquellos donde el placer no conoce nombre ni miembro
Ni la culpa bandera ni partido

Qué triste la casa que no se quema
Ni la pasión que no conoce el dulce beso
Qué triste está el cerezo sin frutos
Y la pluma sin la mano que lo guíe

Aquellos guardias del caudillo de Ferrol
Desconocen a quien escoltan hacia el vacío de negro y aguas turbias
O quizás en su odio tan marchito
Solo observan a un impuro amante de las letras

Y el viento sopla tan simple como si arroja la última flor de invierno
Y el sol alumbra tan cálido como el principio de las cosechas

Las armas se alzan como brazos de hierro y fuego
Apuntan hacia el pecho de versos y sonetos
Y en un instante, eliminan la parábola de tablas y telones

Cae el poeta entre letras y banderas
Solo cae y su mirada se llena de paraíso
Pero los corazones de miles de crucificados
Reciben a un nuevo integrante de los ominosos sin república

Y así como el rocío permanece en el viento sin nombre
Así el poeta permanece en un lustro sin lapita
Para que tener un nombre en piedra
Si la inmortalidad ya lo inscribió en sus paginas