Errores que agradecer

poema de Pando

Pasado ceniza, agrios recuerdos
y un mustio y sucio
sabor de boca cuando
miro atrás y estas tú.

Porque no eres una piedra,
fuiste un pozo de lamentos
que parecía tierno y dulce,
pero no era más que una
cloaca lúgubre y áspera.

Cegado por la ínfima experiencia
de oler almas putrefactas,
hoy tu eco no es más
que la voz de un suicida,
al que nadie le importa.

No maldigo la bella coincidencia
que nos unió, porque el
error es el más ávido consejo,
que hoy hace de mí, algo que no reconozco.

No hay maldad en mí,
que te condene al horror,
pues el mísero fui yo,
por no saber que las rocas hacen daño.

Tu imagen fue un lujurioso
olvido placentero,
que me hizo levantar la cabeza,
y aprender que la mentira es astuta.

Hoy gracias a ti miro donde piso,
porque aunque la herida no esté,
la confianza no es un regalo
que se deba regalar por doquier.

Tu nombre carece de sentido,
tu recuerdo caducó(por suerte),
mi dolor se fue con la inocencia,
mi plañir sonríe de nostalgia.

Eres ese agradable fallo,
con el que aprendes a morir,
para comenzar a comprender
la maravillosa desgracia de vivir.

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