la excepción que justifica la regla.

Empezando por la más clara contradicción de amar asfixiarme en el vacío entre las astros, que amarrar mi lógica a la tierra, por inhalar cada efímero momento de arte que me dio su cuarto menguante.

La quijada exhausta de enhebrar transparentes palabras de acupuntura diseña a cada poro emanante de talento innato para seducir al alma.

Sabido era que entre más se acerca a el sol te quemas, pues la luna enamora que es aun peor y casi inalcanzable.

La boca traiciona al más fiel feligrés que osa intentar dominarla, relato en primera persona que dije nunca dejar que la ficción superé la realidad, pero sin cautela me perdí en el más puro cuarto creciente.

Pero entre la distopia, el insomnio y el ron, las epifanías se manifiestan, haciéndome con la plenitud de un amor cumplido, te dejo en libertad.

Un pedazo de arte absoluto que jamás pretendía soltar, seria como un poemario que se quema, como un hijo sin padre, como un bosque sin el trinar de las aves.

Pero tú eres como la paradoja del amor de una lagrima, te siento aquí pero estas lejos, y por más que me guste tu fragancia tan elegante, miraré a la luna un preciado recuerdo de lo que fue y pudo ser, porque tú querida eres la excepción que confirma la regla.

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