Avelino VII

poema de Igna

Isidora vio el nombre de
su hijo en la caja; la cara revuelta
como en una transfiguración,
una mueca.

Yo me quedé fuera, con Isidora,
mientras el fuego cumplía su
dorada función.

Se repitió la mueca durante
más de un año. Es el luto, pensé.

Una tarde la oí cantar, de nuevo,
Como si toda la primavera
Se hubiera concentrado.

Vuelvo, volvemos, lentamente a la amistad,
ese lugar común por el que hace años empezamos.
Volvemos a ella vencidos por la convivencia, ese
falso refugio.
Volvemos a ella derrotados por el matrimonio, ese
vínculo para padres y suegras.
Volvemos a ella aniquilados por el sexo, ese
suspiro anhelante.

Estamos de vuelta, los amigos.

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