Santuario en las Quebradas

poema de Ibn Nuzer

Entre peñas y rocío va volando
¡Cuculí, madrugadora!
La alborada de nuestros ancestros.
En medio del cielo limpio y grisáceo
Se compacta como un sueño el agua,
Tan limpia y distante de las manos
Escurriéndose por la quebrada
¡Ah grieta geológica de vistas pasadas!
¿Cómo puedes abrirte paso con cada hora,
Con cada lluvia en los veranos ardientes
Sin tener conciencia de tu voluntad?

Media tarde de siestas profundas,
Madrugadas de contemplaciones cósmicas.
¡Se oyen entre los roqueríos, los susurros
De tantas mujeres de piel de tierra
Cosechando entre arenales y barro milenario!
Es que la fuerza de los Andes se pierde
Cada vez que la luna escribe en su manto
Los más tristes recuerdos del pasado, mas
¡Ay, oasis de manantiales milagrosos!
Tejes la paz interna con memorias frescas:
Jamás una sin la otra.
¡Déjame recorrer tus senderos, asombrado
Por la obra magnifica de la Madre Tierra!
¡Permíteme comer de los frutos prohibidos
Siendo tus chacras, testigos de mi hambre!
¡Padre Sol, que desafías la voluntad del tiempo,
Acepta este pago de letras unidas, como plumas de cóndor
O como hojas sagradas de coca
Y muéstrame una vez más el color mismo,
El aroma de la llanura seca,
La roca del puma orgulloso!

Altiplano agrietado de sofocante clima,
La camanchaca se esfuma a tu contacto
Llorando en las mañanas sus penas
Para hacer crecer la siembra en su lamento.
¡En buena hora naciste, santuario de memorias!
En las faldas de los cerros provocas envidia:
Valle de los valles andinos;
Escondrijo de cóndores y lagartos;
Jardín de perales y membrillos;
Nido de aludes, coleccionista de cascadas;
Mancha de vida entre tamarugos en flor;
No cesa su guardia el atardecer
Que cae como fulminado tras el Amaculla.
¡No es posible ocultar tu legado andino
Esculpido en piedra milenaria!
Si la totora busca censurar el escrito pétreo
Quedan las huellas de las caravanas llameras
Como pista de nuestro origen.

Pero no es fácil llegar hasta tus calles
Siempre que escuchan los espíritus el llamado
Para la vida, para el regocijo de la sequía
¡Oh, estruendo de tormenta venida!
De ti quedan vestigios y temores
En arboles embarrados, en petroglifos salvados.
¡Oh, concierto de aguas estivales!
Tuya es la quebrada y sus habitantes:
Desciende hacia el horizonte desértico
Y baña la identidad y las costumbres
De siglos y siglos de rezos y plegarias
De los niños que esperan solo una calma
Para seguir sus juegos y sus risas.

No te asustes, tambo del desfiladero pampino,
Que las gentes, morenas y blancas caminan por ti
Abriendo caminos de ripio y tierra
Hasta ti, Huatacondo ancestral
Sin saber que tú tranzas las sendas
Entre el deseo del indígena y la ilusión del moderno:
Indioespañol es tu legado antrópico
¿Cambiamos acaso los vestigios antiguos?
Sobre ti corren siglos de sincretismo,
Como techumbres de paja, o andenes de cosechas,
O gritos en castellano, o casas de adobe labrado,
O fiesta de cruces, o llamada a las lluvias carnavalescas.

Que traes entre tus calles empedradas
Si no solo historias y recuerdos;
Que en ti se baila y se canta
Pero más se bebe y se ama
Bajo el extenuante día o la furtiva noche,
Oh santuario de los españoles aimaras;
Ah, santuario de los mundos andinos;
¡Ay, santuario de los recuerdos vivos!

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