Paris y Helena

poema de gema

PARIS Y HELENA
(Romance)

Basta sólo una mirada
cuando dos almas gemelas
se miran y reconocen
para amarse sin reservas
así Paris al mirarla
¡Oh! tan bella que era Helena,
que su corazón prendado
quedóse de su belleza,
y en lo profundo del alma
sin que hacer nada pudiera,
el sentimiento, en sus vidas
tomó el mando de las riendas…
-No puedo partir de Esparta,
si conmigo no parte ella-
(pensó Paris para entonces
pues le corría en las venas,
ese amor que por prohibido
le hizo perder la cabeza).
Helena siente en el alma
esa pasión que condena
pero que impulsa a seguirle
-Voy contigo, viva o muera-
y partieron los amantes
llenos dos de dicha plena.
Héctor, príncipe de Troya
desconocía la treta
de su hermano sin pensar
el que Menelao ardiera,
cuando al ir por su mujer
se encontrara con su ausencia,
e iría tras el ladrón
que le privare así de ella,
-Maldito sea mil veces,
Paris y Troya completa,
mi honor requiere limpiarse,
declaremos una guerra-
un ejército acompaña
con la feroz encomienda
de vencer a los troyanos
sin dar la mínima tregua,
¡Oh! Paris ¿qué es lo que has hecho?
Sin medir las consecuencias...
al filo de las espadas
ante Menelao en contienda,
no tenía más que hacer
al ser herido en la pierna,
su hermano no le abandona
y se lanza en su defensa
y en la lucha cuerpo a cuerpo
Menelao cae a tierra,
por la espada del gran Héctor
por su valor y destreza,
pero él mismo fue ante Aquiles
y su espada fácil presa…
cuando buscando a Patroclo
de su muerte tiene cuenta,
enfureció pues Aquiles
y reclama tal afrenta,
arrebatando la vida
del príncipe en la pelea.
Príamo ahogado en dolor
conociendo bien sus tierras,
bajo el manto de la noche
va hacia Aquiles en su tienda
para pedirle le entregue
a quien él la muerte diera
para hacerle los honores
y llorarle a rienda suelta,
mira entonces en el sitio,
a su querida Briseida
pidiendo a Aquiles permiso,
para marcharse junto a ésta,
Aquiles manda a sus hombres
les dejen libre la senda…
Agamenón en su orgullo
no desiste de su meta:
“derribar esas murallas”
Fue a su hermano la promesa.
Odiseo ordena hacer
un caballo de madera
y fueron pues cincuenta hombres
que en su interior contuviera,
por los troyanos pensando
se trataba de una ofrenda,
quienes brindaran acceso
abriendo a otros la puerta,
Troya dormía tranquila,
sin sospechar la perversa
intromisión de espartanos
tras derribar su defensa...
sorprendidos y confusos,
nada evitó que cayeran,
defendían su ciudad
cada quien como pudiera,
Aquiles el poderoso
hacía acto de presencia,
y Paris al divisarlo
le hizo blanco de sus flechas,
hiriéndole en el talón
y esa herida fue certera…
concluyó este hombre sus días,
dejándole el alma muerta,
a aquella hermosa mujer,
su amadísima doncella...
y es esta la épica historia
que inspirase una epopeya
este amor apasionado,
de excepcional trascendencia,
terminó siendo de Troya
su más terrible tragedia.

Gema Sánchez
derechos reservados
México.

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