La guarida de varas

poema de La Dama Azul

Las copas, cortejadas níveas
perfiladas del pliegues,
por el manto claro.

Purificadas están por un rayo luminoso
a través de un ángulo abierto;
dónde nace el amanecer.

Debajo de un arbusto
se levanta la brisa,
al fondo de la espesura añil.

Y de entre los macizos
la guarida de las varas,
acobija generosa el pulso al pecho.

Allanando cabal, la punta nevada
rodeada de cimas y tragaluces
respira el aroma sustantivo y eterno.

El rostro de jade
se precipita dentro del retablo,
acogido por una lisonja glacial.

Adentrados a la estación invernal
se avecina un frio sempiterno,
que rodea gobernando el lienzo.

El trazo visible representa
la vastedad de un costado del mundo,
de cristales abiertos.

En tanto, los ramos del invierno
continúan trayendo semillas de azahares,
con la grandeza de los álamos níveos.

…Y la llama interna, cálida,
engendra la palabra pueril
por encima de todo.
*

Noviembre 08, 2018
© 2018 Gabriela Ponce de León, La Dama Azul. Todos los derechos reservados.

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