La celda

poema de La Dama Azul

Dentro la profunda oscuridad
graduales pasos han cerrado con espejos los sentidos,
llenados los bolsillos de abrojos.

Indiferente al clamoroso canto del ave,
la pobreza de la alforja acontece
en el fatigado fiero atardecer.

La hoguera sofocada y el trueno se abalanza,
por los mosaicos de muros elevados;
forzada la entrada principal del santuario.

Inevitablemente la garganta embestida
se sumerge adormecida, en el vaivén del polvo
al borde del cercano rostro del abismo.

Un néctar de congoja
besa los sudores del ímpetu anochecer,
que domina el aliento reventado
por el arrastre de un cuerpo ausente.

Tintineando las doradas formas
resucitan la gloria de las luces equidistantes,
al declive de la rígida prosa que intenta retener,
los paisajes de un estanque de dulce agua.

Las espigas naciendo al borde
de una mancha inconclusa de melancolía,
solitaria y abatida; adornando,
el fondo de un cúmulo de libretas vacías.

El estío perpetuo de vertientes recuentos;
respecto a un diagrama de tiempo desordenado
que anuncian hacia un irresuelto infinito.

Las piedras devolviendo sus ecos,
encubierto el augusto caudillo;
que aprisiona el abrazo de un firme pulso.

Indolente el lujo de una nueva jornada
transita en la luz de toda celda;
enmudeciendo cada palabra e inclinación
hasta el cierre del molino de llagas.

Así, armada de astucia la memoria
custodia voraz un piélago retablo
y con ello, la señal del desorden y del caos,
donde la nave hecha pedazos
alivie la lid dudosa.
*

Fondo musical: Queen- The Kiss -Aura resurrects

Enero 14, 2019
© 2019 Gabriela, La Dama Azul. Todos los derechos reservados.

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