La serpiente y el dueño del circo

poema de Emil Cerda

Un fan vino a mí, y me dijo: «Emil, ¿cómo le haces para salir ileso de los malos comentarios?» A lo que le respondí:

«Hubo una vez una serpiente de Nueva Guinea Ecuatorial, que hacía malabares en un circo; un día, el dueño, la despidió porque “supuestamente” ella había mordido a uno de sus interlocutores. La serpiente trató de defenderse diciendo que no lo había hecho, sin embargo, no resultó. Un mes después, la serpiente consiguió un trabajo en una tienda de productos de magia y fiestas; el dueño del circo en donde trabajaba la serpiente, entró, y sin darse cuenta de que la serpiente estaba laborando en aquel lugar, pidió sanguijuelas y se largó del establecimiento. Lo que nadie sabe es que el dueño compraba sanguijuelas para ponerlas debajo de los asientos de lo espectadores, y que éstas mordieran a los interlocutores, y despedir uno a uno de sus empleados del circo porque sí, porque “mordían” a los interlocutores. Y así, entrar nuevo personal y no darles liquidación porque, por consecuencia, tenían “malos actos”».

Moraleja: Si tú sabes quién eres, no importa el tiempo o el sustantivo, siempre sabrás que esos mismos que hablan mal de ti, o te desean el mal, es porque tienen un espejismo de sí mismos, y eso que tienes, quisieran poseerlo.

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