Como empanada abombada.

poema de Ray Veron

Como empanada abombada
por el calor,
que te agria la mañana
o excedida en comino,
o sobre condimentada,
que perdió un poco el equilibrio
en sus ingredientes,
empieza el mal sabor de la jornada
y que va a terminar
en una indigestión mental.

Ya me dije que debo aguantar
y el hecho de mentalizarme
que debo aguantar
suena a tedio extendido
aletargado en el tiempo
de consecuencias extenuantes,
que no la pasare bien seguramente,
y no explotare en ira me digo...
Irracionalmente, inútilmente
porque jamás admitirán
sus ingratas actitudes,
sabes que no vas a encontrar
un espíritu de equipo
pero si de absurda competencia
de vacío protagonismo,
de decir YO hago más,
me sacrifico más,
para desmerecer lo que hacen los demás.

Da gracia ver cuando alguien
no hace un ciento por ciento bien
su tarea pero te dice como tu
debes hacer la tuya y espera tu error
para remarcártelo y quedar bien…

Voz que suena punzante
sinuosa y venenosa,
que hace los nervios crispar
y los pelos de la nuca levantar,
a veces de molesta obsecuencia,
de absoluta falsedad,
que cuando te diste vuelta
de ti está hablando mal,
que quiere indagar más allá,
el no sé qué, para señalar
que lo estás haciendo mal,
alguna indirecta para rebajar
o ensuciar
porque cree que así en jerarquía
escalará,
ya sé que su fin es acapararlo todo
de forma mal habida.

Órdenes y contraórdenes
que se chocan, innecesarias,
que entorpecen y atrasan,
mil vueltas para ejecutar,
solo para decir se hace cuando
YO quiero,
y así liderazgo demostrar.

Y me digo que debo aguantar,
tienes que ser profesional,
cero sentimientos…
Ya imaginé mil escenas en donde
te grito en la cara que me caes mal,
pero no lo vas a admitir,
pondrás esa cara de borrego degollado
que no suelo aguantar diciendo
descaradamente “pero yo que hice”
y hasta llorarás.

Debo seguir adelante,
ignorando malas actitudes
que pretenden no reconocer
trayectoria y antigüedad
que ya está suficientemente ganada
y justificada por buen trabajo…

Me encantaría abrir la puerta
y que me reciba
el milagro del espíritu
del trabajo en conjunto,
que hoy funcione
como un hermoso coro de ángeles
en donde cada uno cante su nota
sin querer al pisar al otro,
pero va a hacer otro día de malestar

A aquellos que no saben trabajar
en equipo y te generan malestar
incomodidad a cada día que vas
les daría una patada para que se pierdan
al infinito y más allá
porque no te dejan concluir, ni avanzar.

Y para darle un final feliz diré:
Se miraron y se dieron cuenta
que cada uno era una pieza importante
para seguir adelante
y dejaron de lado
sus absurdas rivalidades.

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