Poema desde un anden

Definitivamente no se cual sea la razón de este viaje,
Si ni siquiera estaba escrito en aquella vieja libreta
ni mucho menos que fuera un lunes por la tarde.

Que venga por mi quien me trago hasta aquí!
Algunos suben y bajan las escaleras
se mezclan y viceversa,
corren los transeúntes, marcan los pasos
exigen y gritan se aproximan les tiemblan las piernas
caminan queriendo ser sujetados por el tiempo
suplican y lloran estiran las manos
pidiendo monedas.

Buenos días señor
que hay de buenos
si el otoño va sujetando
promesas, suplicios sueños necios
como los deseos de un peregrino
que será crucificado.

Que venga por mí quien me trago hasta aquí!
que venga,
¿Cual será la estación que me espera?,
comienzo atravesando el hastió
penetro en lo subterráneo,
no distingo la verdad de lo falso
lo oscuro del blanco.

Desde acá nada llega ni perfora,
ni siquiera un viejo rayo, que se ha quedado
estancado en un muro de piedra
que ruta más absoluta es la que
llega y de repente te deja sin pena ni tregua, generando miles de dudas.

Ya son las cinco
que mal inicio, hay lunes que son fríos
violentos y grises que huelen a muerte
desde un principio
que recuerdos sobran de aquel joven domingo
de tan lejano domingo
en donde el peor error fue el no despedirnos,
y que los besos hablaran por si mismos.

No quiero volver a mirar tras esta venta,
los mismos puentes a distancia, tú espalda, de espaldas
las plantas, la cascada tan desgastada,
la montaña forrada de vivencias y tormentas
entre la sepa.

Y una lluvia de arena que afuera me espera,
Con sabor a tierra que baña mi ausencia.
Ya son las ocho
el cielo posee un color sobrio ,nítido de vino tinto
es una lastima que no estés conmigo ni yo contigo
cual será la estación que me espera
Que venga por mi que venga!
Eh llegado al final de este viaje
soy un victorioso eh vencido a la muerte,
¿Cuántos pueden presumir de este acto?
cantarlo y presumirlo con sus propios labios.

no hay mañana noche ni tarde,
quien vendrá y se apiadara de esté hombre,
quizás vendrán el próximo martes
cuando llegue el alba y me pida que la abrace,
nuevamente por la mañana
desde este oscuro anden en donde nadien me acompaña.

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