Misiva sin firmar

Viajamos hacia ese horizonte perdido
de lo que no es lejano,
algo que está presente,
que no se disipa,
solo se transforma;
enmudeciendo al trueno,
haciendo más visible
la luz blanca de los rayos,
los cuales se descomponen
bañando de color
lo que se puede y se debe sentir...

Probamos las enmeladas lágrimas,
que brotan del gris corazón nuboso,
mientras bajamos lentamente hacia
la verde planicie;
sorbemos el aroma,
la tenue melodía de la ternura,
el final de un perlado trance...

Llegamos al regocijo,
estamos sentados entre tanta luz,
hasta las mismas sombras
son como sonrisas,
como brisa caricia,
como delicado eco...

Es el comienzo,
las campanas suenan,
el día como tal...

Cerró...

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