Hay mentiras que son verdades de uno

Miénteme, como la última vez que afilaste tu sonrisa, miénteme.
Miente con finura y con encanto, pero por favor, miénteme a mí.
Y cuando lo hagas, no olvides que te escucho, que te creo con párpados cercos y labios defensores, por encima de las verdades necias de las personas que no son tú.
Y sus crudezas incongruentes, aciertos por ahí afuera, se entrechocan con los impulsos de mi interior.
Hay mentiras que son verdades de uno, y se creen hasta el final.
Yo sólo te pido que me mientas, porque así seré yo el ser mentido.
Pero embaucame, maldito mentiroso, que yo te creo,
y nadie puede tener razón sin saber de ti.
Miénteme otra vez, que yo también sé de los disfraces, de insinuaciones, sus eufemismos, y sus monedas,
y tengo la otra cara por descubrir.
Miénteme otra vez, dios profano,
que callando se afianzan nuestras venganzas
y que los gallos despertarán al amanecer.

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