PLATICAS SIN CAFÉ

poema de Gester

Tarde ligeramente nublada
para pensar que algo bueno saldría.
Una situación incómoda
que abandonamos y nos hace volar.
Unas amistades que nos acompañan,
pero en el camino, cada uno reserva sus palabras.
Un taxi blanco que nos conduce a un camino,
una casa sin habitar nos protegerá del viento,
del frio y por supuesto, nos dará asilo.
Un sillón enorme nos arropa con sus brazos,
una mirada tímida para empezar a platicar,
cuatro paredes que escuchan y sienten nuestro deseo.
Un reloj que marca lentamente el trazo de nuestra noche
y la culminación del día.
Una alfombra en la que me acuesto para observarte;
tú mirando al infierno y yo, mirando al cielo.
Ese aroma a canela que perfuma la habitación,
se mezcla con el aroma de tu cuerpo,
el aroma de tu aliento y el respirar de la pasión.
Un cuarto lleno de eco que retumban nuestras experiencias
elevándolas hacia el infinito de perdición,
envuelve nuestras risas y las almacena,
es como si de esas pláticas se alimentara la habitación.
Unas escaleras que subimos para llegar al primer piso,
la habitación del cariño, la habitación del amor.
Una cortina que solo tapa la vista hacia el pasillo,
nos cubre y nos protege como los arboles a los nidos.
Dos colchones que se juntan para tener más espacio,
para disfrutarnos el uno del otro.
Una ventana que siempre se mantiene cerrada,
cubre del frio, como de la piel a las heridas que veo al desnudarte.
Un foco que se mantiene prendido, observador voyerista
que se excita de ver los cuerpos estremecerse de placer.
Una cobija que reposa nuestros sueños y los hace más reales.
Por último, dos cuerpos que se entrelazan
para fundir sus almas hacia un universo lleno de sueños,
ambiciones, de lágrimas y risas, de odio y amor,
de dos personas, de un momento, de un lugar, de un objetivo.
La divinidad.

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