ENAJENADA COLMENA

Enajenada, cual polilla que viaja hacia la luz.
Enceguecida, deslumbrada.
Hipnóticas vertientes del antojo.

Fresas derretidas, trituradas, oprimidas.
Por la derrota de las mieles.

Dulces son las mieles.
Empalagosas, adheridas a la garganta
Cual pólipo de eruptivas y purulenta
Saciedad.

Las dulzuras empalagosas
no solo agradan a los débiles de alma.
También penetran los oídos inaudibles
Del credo, de la fe, de la reconciliación;
De la colmena.

Revolotean,
como revolotean
Las abejas a la miel.
Al panal.
Allí
Donde se acumulan las riquezas de la reina.
Sus obreras, lamen sus despojos.
Comen sus migajas
y olfatean desesperados
Sus eructos nauseabundos.

Ellas solo conocen ser obreras de la colmena.
Su universo es limitado, ni quieren proyectarse.
Es su microcosmo, su seguridad.

Aunque el mundo se derrumbe a pedazos a su alrededor
con sus aguijones;
Defenderán la colmena.
Pero la naturaleza tiene que intervenir.

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