ACAPULCO TIERRA DE MUERTE

poema de @UAGlemus

En algún momento de tu vida te has preguntado
¿Por qué hay tanto sufrimiento en el mundo?
La humanidad ha padecido de la pobreza, la delincuencia,
La injusticia, las enfermedades y la muerte.

Los pescadores no habían salido y el mar estaba picado, a lo lejos se miraba la formación de las olas que se iban siguiendo como cual fuese procesión de Viernes Santo y reventar con coraje en la orilla, haciéndose pringas de astilla vidriosas.

Era larga la playa de bonito color perla y arena blanca, enojado el mar, se revolvía, rugiendo y chocando contra las rocas que alzaba su cara picadita de viruela obscura con la mirada al cielo, y este tan cenizo tupido de nubes negras, reventaba de agua pesada como burra de carga.

Mujeres tan bonitas, de piel morena clara, delgada cinturita, maciza caderas y con blusa bulléndose como liga grande, solas recorren las calles, llevando en sima de su cabeza una cajita de esas que se venden en Acapulco, hechas de caracolito y conchitas de mar, llevándola bien apretada como si alguien se las fuera a robar, con su broche dorado.

Mientras tanto los hombres al interior de las cantinas, gastaban el poco dinero de la paga de su trabajo, comprando agua ardiente, mezcal y cerveza, y al calor de las copas, se aliaban a golpes por la compañía de alguna dama, que a cambio de algunos centavos, ofrecían amor y caricias.

Al llegar la noche en las colonias, tornadas de inseguridad, los perros ladran con gran desespero, pareciere que los peligros con gran asecho se acercaban y a lo lejos se escuchaban fuertes detonaciones de armas de fuego, la sirena de las patrullas se oían que lloran por las calles principales.

Las familias por temor cierran las puertas y ventanas de sus casas por temor de lo que pueda pasar; A la par el pavimento de la calle tan negro como la noche, se encuentra bañado en sangre de un ser humano que yace tirado sin vida.

Los periódicos y revistas comentan en su nota roja, que Acapulco es Tierra de Muerte, que al llegar la obscuridad de la noche en su cielo pintado de estrellas, hay de cinco a diez muertos regados en las colonias.

Hoy la inseguridad se apodera de los barrios más pobres, mientras los funcionarios duermen en residencias con alta seguridad como si fuesen a meterse a robar.

De pronto revientan las nubes, cayendo el agua como hilito de plata sobre la carne de los acapulqueños, mientras tanto en los panteones, familiares y las viudas de las víctimas, entre lágrimas de llanto, acompañado de insoportable dolor, acuden a despedir por última vez, a quien en vida los acompaño, pero ni la salecita de las lágrimas, lava su cara acongojada.

Al desplazar el ataúd al fondo de la tierra, los acompañantes que asistían al entierro consolaban con palabras, pero no se le acervan porque era como acercarse a su hombre muerto.

Los días transcurrieron y no dormía por que no la dejo, sentía su carne como la suya, como si fuese una sola carne que olía a mar y a sudor de un pescador.

Autor

Lic. Harry Bogar Bautista Lemus
@UAGlemus

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