Requisito de Risa

I
Mar bravío es resumen de días,
gruñe fuerte antevisa la agonía,
fatigado entero tu nombre guardo.
Que firma mi lucha en madera
a ojos cerrados imagino tu lumbrera,
apagando las sabandijas perniciosas.
Es el ajetreo que lleva el día,
rodeado furtivamente de nadie,
desdeñado de alegrías que deberían
ser mías, arrastra consigo la gloria
se junta las manías de pisar barrosas
esperanzado de servir de vasija a tu risa,
capturar la brisa que desemboca en tu boca.

II
Mis manos sin tus manos, no son palpables,
que son de manteca resbaladiza,
y es mi voz sin la tuya varias
canciones inconexas sin sentido.
No encuentro las salidas sin avistar,
la piel que alberga locuacidad
Es tu risa una valiosa reliquia fina,
brilla como purpurina que adorna
otras noches, otros días, festividades.
Sin el permiso se extiende la necesidad,
Verte desvestida de caracteres en algún lado
En lapso desmedido contracorriente
reparto evocación a tu pórtico

III
Mi Dulcero valorizado en oro
Hundido en la arena junto al mar,
Indaga cada esquina los pastizales,
donde no habrá aciertos hasta presenciar te.
Sin tus manjares hay una fiesta sin merengue,
Sin tu régimen no existe mi apreciada libertad
Falta apogeo de los tactos sensibles.
Sobra el desamparo de sillas vacías,
Ni abrigo que no me abriga del frió.
Es la naturaleza siguiendo su curso,
Si el cuerpo nace para servir de cobija,
se siente indispuesto, al no gozar de plumas.
Corazón se vuelve anti rítmico, Desentonado,
casi empírico, caminando por dunas restantes.

IV
Convivo con la exigencia aguda,
un sitio disponible de noches mercantes
necesidad que acribilla como aguja,
Caminar a tu paso firme e impactante.
Son primeras luces que anhela mi urgencia.
Brama toda mi existencia con fe pura.
girando los molinillos de papel en la repisa.
persevera mi calmada lucha contra lo aislado.
Es el amor que siente mis labios, mis ojos rendidos
ante tu estampa de mujer cautivadora.
insoluble es el sentimentalismo pronunciado con valor.
Remando presurosamente para encontrarte
frente a frente, sin ganas de soltarse nunca,
los amaneceres junto a tu cuerpo y su sabor.