1:30 am

poema de Alis Gj

Felicidad es tu nombre,
me permitiste conocerte,
luego todo tu ser se impregnó en mi vida
como la fragancia que destilan las rosas
de inconfundible aroma.

¿Quién lo diría?
fui yo quien cambié los roles,
abrí mi corazón a ti
antes que lo hicieras tu.
Me arriesgué a perder,
aún sin saber
que al final ganaría.

Descubrí la verdad de enamorarse,
el significado de besar con razones,
de abrazar
aún cuando no hay necesidad de hacerlo.

Uniste tu vida a la mía,
empezamos a escribir está historia
que jamás pensamos que sería tan difícil.
Pero aquí estamos,
rompiendo las hojas secas al paso,
caminando sobre los charcos,
para llegar a los manantiales
de infinita felicidad.
Y logrando con paciencia
un verdadero querer
para podernos amar.

Ahogaste tu orgullo,
sin darme cuenta que al mismo tiempo
mi orgullo también se había ido con el tuyo.

Confié en ti a ciegas,
confesando al paso,
esa inseguridad que todavía está presente
pero que se desvanece rápidamente.

Ya lloré contigo,
tu mayor consuelo:
Tranquila, Dios está contigo
y aunque Él es primero que yo
le ayudaré a cuidarte,
de su parte,
yo voy a abrazarte.

Eres lo más inesperado que he conocido,
y amarte,
la más perfecta locura
que se me haya ocurrido.

Son las una treinta minutos,
madrugada poco fría,
silenciosa.
El momento exacto para pensarte,
y en mi mente para poder hablarte,
y de estas manos para escribirte.

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