Puñal de la conciencia

No imaginé el día que llevé un puñal al liceo,
lo que este descuido iba a ocasionar,
acto de un loco, o quizás de un cuerdo
acto que estuvo bien, o quizás estuvo mal.

Lo que se es que estaba el profesor,
otra vez, tocando el tema del aborto,
eso formó en el recreo una conversación
o más bien un debate para unos pocos.

Uno de los que estaba a favor, frío,
defendió su postura con este argumento:
"este no es un crimen, no es homicidio
pues es una célula, un bebé, solo eso".

Debido a la seguridad en su opinión,
no discutí, pero, a mi casa yo lo invité
él, aceptó, extrañado, con exaltación;
y, al llegar, mi madre salió, dejándome al bebé.

Llevé a mi compañero hasta el lugar
donde dormía mi querido hermano
entonces, tembloroso, saqué el puñal
tomándolo del mango, punta hacia abajo.

Puse la mano de mi compañero
sobre la mía, que sujetaba el puñal,
le dije, inseguro, pero sereno:
"empuja mi mano, con fuerza, sin piedad"

Le aclaré que el culpable sería yo
al tener el puñal las huellas de mis dedos,
así que, a él no lo culparía nadie, tal vez Dios,
no habrían pruebas, ni testigos, el crimen perfecto.

Ahí nos quedamos, congelados, al niño mirando,
hasta que él se fue, mojado, limpio, por llorar
y yo viendo como mi mano iba guardando
el puñal de la conciencia, y de la piedad.

Puse en peligro a mi hermano pequeño,
pude haber quedado preso yo y libre él,
pero por lo menos, no dirá ese argumento
que desprecia la vida de un bebé.

Un acto que terminó mas o menos bien,
claro que no sé, si acaso yo actué mal,
pero, vi llorar, al que aparentaba ser cruel,
y que a un bebé, "a solo eso", no pudo matar.

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