San Carlos.

San Carlos tiene una textura a barroco, un color a marfil y un olor geosmina, tiene un encanto a ruinas ambiguas y un corazón roto de los que nacen y apuñalan sus entrañas al odiar esencias de su dimensión Marxista, paradigmas de culturas intactas, de raza casi perdida, de rasgos acerbos de dones polifónicos de sus lugareños no tan amables, tiene un tiempo propio a comparación a estados vecinos y una condición de familiaridad, aunque existan incestos entre primos. Tiene un mango que lo representa y una virgen robada, motociclistas expertos y mediodías solitarios, noches solitarias, un himno extraordinario y una bandera poco conocida, todos pasan por San Carlos, pero pocos conocen a San Carlos, todos hablan mal de San Carlos, pocos pueden ver su belleza, porque lo que salen extrañan su extraña conformidad y su paso lento a la modernidad.

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