Matare monstruos por ti.

Cuando la tenía entre mis brazos, le decía pequeña me tengo que ir, besaba su frente y conducía mi mirada a la de ella, buscando mi consuelo en sus ojos que guardaban una galaxia entera, que sólo yo podía encender, no podía ni resolver ni un ejercicio de física, y mucho menos de física cuántica, pero podía encender las luces de sus grandes ojos que me decían, quedate no te vayas. Podía besar su rostro y quedarme allí toda la noche, o lo que quedaba de ella, estrechando su cuerpo con el mio, sentir el calor de su suéter y de sus brazos rodeando mi espalda con fuerza, podía jurar que esa misma noche soñaria con ese momento preciso cuando de su boca con olor a cerveza escapaba aquellas palabras que me repetían, te amo, te amo, te amo. Y como muchos, el te amo ya ni en diferentes lenguas puede tener tanto valor en estos días, pero de ella era como que llenará a gotas pequeños vacíos del corazón, y volvía a verla a sus ojos y aun la galaxia seguía allí, y al parecer sentía que nacía también una en mis ojos, la tomaba de la cintura, y le decía me voy, quiero verte tan pronto como sea posible, y que me guardes muchos besos para ese dia, que yo por mi parte te amare un poco más, de lo que ya te amo hoy. La bese como si fuera un beso al final de un film extranjero, ya que de por si, me convertiría en uno muy pronto, con toda la ternura y suavidad que sus labios me permitieron, y lamentandolo mucho, aunque sea por un año o menos, me desprendí de sus brazos como si se trataran de delicados vidrios que no deseaba romper. Tome mi boleto, con mi mano derecha y con la izquierda su mentón y al subir su rostro, una pequeña lagrima corría por aquella perfecta obra maestra, y no aguante y le dije, te amo mucho mas de lo que duraremos separados, muchos mas de lo que mis deseos me exijan, mucho mas de lo que tu crees y hasta yo mismo me creo capaz, me sonrió como hace meses no lo hacía, la bese nuevamente pero esta vez con un dolor en el pecho y con ganas de que la vida misma se detuviera hasta ese mismo instante, y allí, cuando todos los segundos seguían transcurriendo, y el autobús me esperaba, sin mirar atrás y ocultando mis lágrimas subí de una forma peculiar a aquel autobús, ni rápido para no dejar en duda que no quiero irme jamás de ella, ni lento para que no le quede duda, que trabajaré duro para nuestro futuro, al entrar y sentarme, la vi por la ventana, parada de su forma extraña pero bella, lanzándome un beso y... Yo intentando que ella viera el mio, dejando mi palma pegada al cristal, y allí como si me fuera al mismísimo infierno, me ardía el cuerpo de rabia y pena, el chofer arrancó de forma acelerada, dejando atrás aquella chica, que empezaba verse minúscula por la distancia, por la que había pagado aquel primer boleto de ese largo viaje, por la que había decidido formalmente jugarme la suerte, a jugarme la vida, como aquellos héroes de mi infancia, que se iban a una gran aventura infalible, a combatir contra los monstruos, y llegar victoriosos. Y recordé aquella canción de Lesbian of love, donde cita: "Matare monstruos por ti". Sonreí, y antes de perder cualquier señal, se la envié aunque no tuviera mucho sentido la letra con nosotros, ella iba entender.

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